El debate de este lunes entre los candidatos a la Moncloa de PSOE (Pedro Sánchez), C'S (Albert Rivera) y Podemos (Pablo Iglesias) y la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, reunió a un total de 9,2 millones de espectadores y ocupó más de un 48% del share televisivo.
En más de dos horas de debate sin preguntas pactadas de antemano en Atresmedia, los tres candidatos y Santamaría trataron de convencer a una elevada tasa de indecisos, en cuyas manos está el resultado de las elecciones más reñidas de la historia de España el próximo 20 de diciembre.
Con un Soraya a la defensiva y poco acostumbrada a debatir, un Albert Rivera nervioso y un Pedro Sanchez perdido, Pablo Iglesias candidato a la presidencia por Podemos ha sabido escenificar y explicar que, en estas elecciones, sólo hay una fuerza que quiere prohibir las puertas giratorias, que debe cero euros a los bancos y que dice que el Presidente del Gobierno debe ser revocado a mitad de legislatura si no cumple su programa.
En estas elecciones hay tres opciones que siguen en lo mismo y hay una que es distinta. Esto y no sólo lo mucho que nos jugamos hace que estas elecciones sean históricas. Pablo ha dejado muy clara esta doble obviedad y por eso ha ganado el debate.
El candidato de Podemos a la Presidencia se despidió del debate televisivo con un recordatorio de los escándalos de corrupción y un guiño a los votantes. Este alegato final parece que le ha otorgado la victoria, según las encuestas de varios diarios digitales como 20 minutos, El Mundo, ABC o La Vanguardia. Primero pidió a los españoles que "no olviden las tarjetas, que no olviden la Púnica, ni la Gürtel" ni el "Luis, sé fuerte" ni "la estafa de las preferentes". Su segunda petición a los españoles fue que sonrían, llevándose el puño al corazón en su último gesto: "Que sonrían, que sí se puede", concluyó.

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